Felipe Matto - El milagro de la transformación

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  • domingo 12 de junio de 2011
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  • Román
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  • Les hablo a los que son enfermos por reacción. Tenés que saber que tus pensamientos activaron síntomas de enfermedad y crearon enfermedad.

    Quítese de ustedes toda raíz de amargura… emociones que anulan tu bienestar físico. Esto es lo que está en la mente, en nuestro sentir, y se extendieron en nuestro cuerpo. Son como explosivos que en el momento menos esperado estallan.

    Lo que está en tu mente, en tu sentir, se extiende en tu cuerpo.

    Jesús le dijo a un hombre que hacía 38 años que estaba postrado, sin caminar, imposibilitado de acción: Sé sano; no te equivoques más en tu manera de pensar, para que no te venga algo peor.

    Tu cuerpo reacciona a las emociones que generan tus pensamientos.

    Cuando decís: “Estoy enfermo/a”, estás diciendo que estás débil, sea en tu cuerpo o en tu mente. Pero te traigo una muy buena noticia desde el corazón de Dios:

    En tu debilidad, Dios mostrará Su favor y Su voluntad. ¿Cuál es Su voluntad? Que seas sanado/a de toda debilidad que hay en tu mente y en tu cuerpo.

    Para lograr la paz mental debés renunciar a tu posición como dueño del universo, que todo lo malo te pasa a vos.

    La amargura es una atadura espiritual y física
    Si siempre tenés conflicto con los demás, seguramente habrás dicho estas frases:

    “Yo perdono pero no olvido”, “cuando me tratan mal, tengo derecho a estar enojado”, “soy así y no puedo cambiar mi carácter”, “estoy cansado /a de sufrir”.

    “Abandonen toda amargura, ira, enojo, gritos y calumnia, y toda forma de malicia"
    ¿Quién no ha sentido en algún momento de su vida tristeza, amargura o resentimiento? Nadie escapa a estos sentimientos y el sentirlos de vez en cuando es normal, es parte de nuestra naturaleza humana. Llorar es bastante sano, de acuerdo al momento del sentimiento que está en nuestro interior, el llanto es parte de la liberación. Ahora, ¿qué pasa cuando estas emociones quedan guardadas en nuestro corazón de manera permanente, cuando el dolor, la amargura y la tristeza representan nuestra personalidad?

    Hoy en día es muy común que las crisis familiares, la frustración, la preocupación, el fracaso, se apoderen de nosotros cuando vemos que a pesar de nuestro esfuerzo, las cosas no funcionan. Y nuestro hablar proyecta los sentimientos que hay en nuestro corazón: “me canse de vivir, no puedo más, quiero morirme”, “nunca funcionan”, “todo nos sale mal”, pensamos que “la vida ha sido muy injusta con nosotros”.

    Es entonces cuando el resentimiento, la autocompasión y la tristeza pueden quedar instalados en nuestro corazón como una adicción.
    Esta actitud hace que todo en la vida lo veamos a través de un “cristal empañado”, es decir, nuestra perspectiva de vida se torna gris, ya no vemos la belleza de la vida, los buenos momentos se vuelven indiferentes ante nosotros, dejamos ir oportunidades y empezamos a crear una realidad falsa al creer que “nadie nos quiere” o “todos quieren hacerme daño”. Nuestra visión se distorsiona porque creemos que ya no hay salida.

    “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.”

    El corazón como el centro de la naturaleza humana, es el asiento de las emociones y la voluntad, debemos cuidarlo, porque es la fuente de nuestras acciones y decisiones. De él fluye la energía para nuestra mente, y nuestro cuerpo.

    Si tu mente y tu cuerpo están guardando una de estas energías, quiero decirte que hoy decidas sacarlo de tu corazón, de tu mente, y que le permitas a Dios que con Su amor y Su presencia, disfrutes de una vida abundante.

    Si guardamos por mucho tiempo estos sentimientos, además de prolongar nuestro sufrimiento, nos traen como consecuencia enfermedades derivadas de “un corazón triste”:

    Enfermedades respiratorias (gripe, asma, tos, sinusitis, etc.)
    Enfermedades del corazón (Angina de pecho, infarto, etc.)
    Enfermedades del sistema circulatorio (mala circulación, várices, colesterol, etc.

    Ningún medicamento, dieta o ejercicio pueden evitar o curar dichas enfermedades si no nos conectamos con la alegría de vivir, con el amor a la vida. La alegría es la única medicina para un corazón que revive constantemente en su presente las heridas del pasado.

    Sin la alegría, nuestra vida se frena, nuestros pasos son lentos, ya no queremos saber nada, estamos deprimidos y con un constante dolor de piernas, nos pesan tanto como para poder dar un paso más.

    Sufrimos a causa de nuestra soledad, tenemos nuestro corazón cerrado al amor, no sabemos darlo, mucho menos recibirlo, al mismo tiempo nos duelen los hombros y la espalda.

    Seguimos sufriendo, porque las pastillas no son suficientes para un corazón que frena el amor, que lo tiene por esencia, pero que no lo deja salir… se ahoga, se asfixia… hasta morir.

    El mundo desea lo mejor que tenés, pero Dios desea todo lo que eres.

    ¿Qué hacer para sanarte?

    La amargura es una infección emocional - crece y domina la vida.

    El rencor te ata a la persona contra quien estás enojado. Cada vez que te acordás de lo que te hicieron, más daño emocional sufrís.

    Podés ser libre y seguir adelante en la vida al tomar la mejor decisión a tu favor, y es soltar a todas las personas que te dañaron, a través de las palabras o sus acciones.

    La clave para ser libre se llama perdón = Soltar a la Persona – no porque la persona se lo merezca, sino que vos te lo merecés. Dejar el derecho a vengarse. Decidí sanar tu vida y vivir en plenitud cada momento de tu existencia.

    “Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.”

    Cuando te desates aquí en la tierra de las ataduras, en el cielo también desatás todas las bendiciones. Por lo tanto ¡¡hoy viene la sanidad para vos!!

    “Tu debilidad es la excusa de Dios para estar cerca tuyo y sanarte de toda enfermedad y llevarse toda dolencia.”

    Debo ser adicto a Dios: en esta vida, la carrera no la ganan los más veloces, ni ganan la batalla los más valientes…. Entonces, ¿quiénes la ganan? Los que tienen la Palabra y la revelación de Dios.

    Moisés y todo el pueblo recibieron el maná; y comieron por un tiempo. Y como todo tiene un ciclo en la vida, se cansaron del maná. El maná representa la Palabra; el conocimiento solo de la Palabra no produce el milagro o la sanidad que estás esperando. La palabra tiene que ir acompañada de la revelación. Si decidís creer que Dios puede sanarte, entonces tu sanidad ya comenzó.

    La palabra que hoy recibís, te sirve para un tiempo, para algo determinado… luego tenés que buscar una nueva palabra, porque la palabra es el logos… (Una promesa de Dios que hará algo en tu vida).

    Y cuando la palabra entró en tu espíritu, en tu mente y la creés, y esa palabra te motiva, te levanta, entonces esa palabra se convierte en el rhema (revelación) de Dios, (ahora sé que la promesa hoy se cumple en mi vida.)

    Elías tenía la palabra, la autoridad de hablar y que las cosas sucedieran, pero también le dio la revelación a Acab. (Un rey inútil, enfermo, débil, que enfermaba a todos lo que estaban a su alrededor)

    El conocimiento de la palabra sin revelación no produce frutos en tu vida.
    Hay gente que da fruto, pero no se puede comer de ellos; porque no son fruto de vida.

    Elías tenía la palabra; pero la revelación era provista por el mismo Dios… hubo hambre pero Dios le indicó donde iba a ser alimentado.

    Vas a ordenar a tu cuerpo que ocurra el milagro… le vas a hablar a ese Acab que entró en tu cuerpo y en tu mente sin tu permiso, ¡¡que salga ahora mismo en el Nombre de Jesús!!

    ¡¡La salud, la alegría y el éxito vuelven a tu vida!!

    Elías le dijo a Acab: tan cierto como vive el Señor, Dios de amor y paz que no habrá rocío ni lluvia en los próximos años hasta que yo lo ordene. Elías es la palabra; tenés que ordenar con tu palabra lo que querés que suceda. Tenés que hablar a tu Acab, a la enfermedad, tenés que pedir que venga el rocío y la lluvia de sanidad y milagros a tu vida para hoy y para los próximos años.

    Si Dios no puede hacer que consigas algo por vos mismo, entonces te lo dará hecho.

    ¡¡Nunca permitas que la raíz de amargura te robe el éxito y la alegría que podés experimentar. Hay provisión de salud y prosperidad para los próximos años en tu vida!!

    Decí conmigo: Padre, en este momento decido liberarme de toda raíz de amargura. Perdono a aquellos que me dañaron, me fallaron, me desilusionaron. Los suelto de mi vida, porque yo también he dañado a otros.

    Los quito de mi mente, de mi cuerpo, porque el único que merece estar en mi corazón sos vos.

    Ahora recibo la salud para mi mente, para mi cuerpo, a través de Tu Palabra sanadora. La tristeza, la amargura, el enojo, y el dolor físico no tienen arte ni parte en mi ser y mi cuerpo.
    Le hablo a mi mente, a mi cuerpo, palabra de fe, de sanidad, de alegría. Levanto mis manos para gritar y anunciar al universo y a la tierra que estoy sano en mi mente, en mi cuerpo, que soy libre de toda emoción negativa. Y que ahora mismo regresa la alegría a mi mente y a mi cuerpo y la pasión por la vida, en el Nombre de Jesús. ¡¡Gracias Señor!! Amén

    Felipe Matto
    felipematto@gmail.com
    www.presenciasanjusto.com